jueves, 15 de diciembre de 2011

EDUCACIÓN PARA LA CONVIVENCIA EN EDUCACIÓN INFANTIL


En la actualidad, la educación para la convivencia se está convirtiendo en una tarea prioritaria para muchos centros educativos, en la medida en que se ven desbordados por elevados niveles de conflictividad en sus aulas. Por ello, es necesario que los/as maestros/as se doten de nuevos métodos y técnicas para abordar el problema de un modo global y preventivo.

La educación para la convivencia trata de promover en los centros un clima en el que toda la comunidad educativa participe y conviva de la forma más positiva y satisfactoria posible y el alumnado viva en un medio en el que la palabra, la negociación y el respeto mutuo sean las herramientas utilizadas.

Uno de los retos de la escuela en este momento es la búsqueda y creación de mejores relaciones. La creación de estas relaciones satisfactorias ha de tener su base en la Educación Infantil. Desde pequeños los niños y niñas de Educación Infantil han de aprender a relacionarse de manera efectiva y satisfactoria.

Es necesario ser conscientes de la importancia que tiene el trabajo de la convivencia y los valores desde las primeras edades, desde la etapa de Educación Infantil. Los niños y niñas en estas edades sufren grandes cambios que conformarán su personalidad. Constituye, por tanto, la Educación Infantil una etapa definitoria de aspectos relevantes para el desarrollo de los niños y niñas.

Para afrontar el aprendizaje de la convivencia resulta imprescindible pensar en el conflicto como algo inevitable y necesario. De esta forma, conseguimos tener una visión positiva del mismo, y podemos trabajar con él y aprovechar la oportunidad educativa que nos brinda.

La educación para la Convivencia ha de perseguir los siguientes objetivos:

• Potenciar un marco de relaciones basado en el respeto y el diálogo.

• Percibir el conflicto como algo inherente a las relaciones humanas, cuyo tratamiento potenciará el proceso de crecimiento y desarrollo personal y social.

• Promover relaciones adecuadas entre todos los miembros de la comunidad escolar.

• Fomentar el desarrollo de los valores básicos de la convivencia en el currículo y en la práctica educativa en todos los centros escolares.

Para desarrollar la convivencia en el aula de Educación Infantil es necesario desarrollar en el niño/a un conjunto de dimensiones, tales como:

• Autoconocimiento: esta capacidad permite la comprensión de la propia manera de ser, pensar y sentir, de los puntos de vista y valores personales, posibilitando un progresivo conocimiento de sí mismo, y una valoración de la propia persona.

• Autonomía: capacidad para hacer las cosas por sí solos.

• Capacidad de diálogo: permite huir del individualismo y hablar de todos aquellos conflictos de valor no resueltos que preocupan a nivel personal y/o social.

• Empatía: capacidad para ponerse en el lugar del otro.

• Progresiva descentración: posibilitará tener en cuenta a los demás. Se da cuando los niños/as van abandonando el egocentrismo.

• Habilidades sociales para la convivencia: son el conjunto de comportamientos interpersonales que va aprendiendo la persona y que configuran su competencia social en los diferentes ámbitos de la relación. Permiten la coherencia entre los criterios personales y las normas y principios sociales. Desde el aula de Educación Infantil hay que potenciar un adecuado clima de convivencia. Moos (1979) afirma que el Clima Social del Aula está determinado por el conjunto de características de la misma, tal como son percibidas por profesores y alumnos. Considera que el clima del aula tiene personalidad propia, con unas características idiosincráticas que lo singularizan y diferencian de los demás. Así, hay climas más o menos tolerantes, participativos, que ejercen mayor o menor presión sobre sus miembros, etc. Moos agrupa los climas del aula en seis tipos diferentes, dependiendo de cómo las características de las mismas se manifiestan y estructuran:

• aulas orientadas a la innovación,

• aulas orientadas a la relación estructurada,

• aulas orientadas al rendimiento académico con apoyo del profesor,

• aulas orientadas a la colaboración solidaria,

• aulas orientadas a la competición individual desmesurada,

• aulas orientadas al control.

Es necesario destacar que aquellos climas de aula que permiten la participación de sus miembros en la organización de la vida colectiva son especialmente indicados para educar en la convivencia. Por el contrario, los modelos tradicionales de educación, en los que el profesor es el principal protagonista en el proceso de enseñanza-aprendizaje y el alumno/a es un simple receptor, son poco adecuados para crear un clima de participación en el aula.

En la etapa de Educación Infantil la participación de los miembros en la organización de la vida colectiva es un hecho. Ejemplo de ello puede considerarse la organización del aula mediante rincones de juego y trabajo. Los rincones son espacios organizados dentro del aula, basados en el trabajo autónomo que el propio niño/a organiza. En ellos los niños/as trabajan en grupos de cuatro o cinco y tienen que cumplir unas normas establecidas. Otro momento de especial importancia en una jornada diaria en Educación Infantil es el momento de Asamblea. En ella se trabaja en gran grupo, se dan opiniones, se proponen centros de interés… por tanto, es un momento donde pueden surgir puntos de vista encontrados y esto la convierte en un lugar para trabajar la convivencia de forma extraordinaria.

El aula democrática es una alternativa que favorece la convivencia (en ella existe igualdad de derechos y la participación está garantizada). Nuestra práctica debe estar basada en el diálogo.

Asimismo, en Educación Infantil resulta muy positivo para la convivencia el establecimiento de normas. Éstas se establecen para seguir una línea de “negociación” con el alumnado, son una forma de aprendizaje y una manera de preservar un buen clima de aula y convivencia. Es imprescindible que en el aula se haga partícipe a todos los alumnos/as en la elaboración del conjunto de normas que guiarán la práctica diaria. Con ello se persigue el compromiso, la identificación, la satisfacción, la autoevaluación, la autosanción… La elaboración conjunta de normas permite crear un sistema de creencias compartido, favorece la internalización de las mismas, lo que fomenta la conciencia grupal de obediencia razonada y la credibilidad del sistema normativo (conexión norma-recompensa o norma-sanción).

Para lograr clima de convivencia debemos cuidar principios como:

• La convivencia interactúa con el aprendizaje.

• La convivencia ha de perseguir avanzar en habilidades en el alumnado de comunicación, relación social y autonomía.

• Un buen clima de convivencia pasa por conseguir la implicación del profesorado, la familia y del alumnado.

Con todo lo expuesto anteriormente se pretende hacer hincapié en la importancia de trabajar la convivencia desde la Educación Infantil.

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